Cómo puede aparecer
Como alerta constante, bloqueo, desconexión, vergüenza, control, autoexigencia, síntomas corporales o dificultad para confiar y pedir ayuda. Una misma historia puede expresarse de maneras muy distintas.
Áreas de atención
Cada proceso parte de una comprensión individual: qué ocurre, cómo se ha construido, qué lo mantiene y qué cambios pueden tener sentido.
Atención individual
Un espacio para comprender lo que está ocurriendo y trabajar aquello que mantiene el malestar.
La primera fase permite comprender la situación y acordar objetivos realistas. A partir de ahí, el proceso se adapta al ritmo, los recursos y las necesidades de cada persona o sistema relacional.
Área terapéutica
El malestar adolescente necesita ser escuchado en su singularidad y comprendido dentro de su contexto.
La primera fase permite comprender la situación y acordar objetivos realistas. A partir de ahí, el proceso se adapta al ritmo, los recursos y las necesidades de cada persona o sistema relacional.
Área terapéutica
La terapia no busca determinar quién tiene razón, sino hacer visible la dinámica que la pareja construye y sostiene.
La primera fase permite comprender la situación y acordar objetivos realistas. A partir de ahí, el proceso se adapta al ritmo, los recursos y las necesidades de cada persona o sistema relacional.
Área terapéutica
Cuando algo ha sobrepasado la capacidad de afrontamiento, sus efectos pueden permanecer en las emociones, el cuerpo y los vínculos.
La primera fase permite comprender la situación y acordar objetivos realistas. A partir de ahí, el proceso se adapta al ritmo, los recursos y las necesidades de cada persona o sistema relacional.
Trauma infantil y trauma del desarrollo
El trauma infantil no se define solo por lo que ocurrió, sino también por cómo lo vivió el niño y por los recursos y el apoyo relacional de los que dispuso para afrontarlo.
Puede estar relacionado con un acontecimiento concreto —una pérdida, violencia, accidente, enfermedad o separación— o con experiencias repetidas de miedo, desatención, imprevisibilidad, humillación o falta de sintonía emocional. No se trata de buscar culpables ni de convertir cualquier dificultad en trauma, sino de comprender con precisión qué impacto tuvo una experiencia y cómo se organiza hoy.
Como alerta constante, bloqueo, desconexión, vergüenza, control, autoexigencia, síntomas corporales o dificultad para confiar y pedir ayuda. Una misma historia puede expresarse de maneras muy distintas.
Primero se construyen seguridad, regulación y recursos. La elaboración de recuerdos solo se aborda cuando existe capacidad suficiente para hacerlo sin desbordamiento ni exposición innecesaria.
Con menores, la intervención se adapta a su edad y puede incluir orientación a madres, padres o cuidadores. El entorno relacional forma parte del proceso cuando resulta clínicamente indicado.
Trabajar el trauma temprano permite reconocer respuestas que antes fueron protectoras y ampliar la posibilidad de relacionarse con mayor seguridad, flexibilidad y libertad en el presente.
La presencia de estos signos no permite establecer por sí sola un diagnóstico. Cada situación requiere una valoración individual.
Especialización en trauma
Profundiza en la regulación del sistema nervioso, el trauma infantil y relacional y las aportaciones de Stephen Porges y Peter Levine.
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La primera conversación sirve para comprender qué te ocurre, resolver dudas y valorar si un proceso especializado en trauma puede ayudarte.
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